Existió una etapa en Colombia que transformó la forma en que los ciudadanos experimentaban y veían su nación, esa época se vivió en el mandato de Álvaro Uribe Vélez. Durante esos años, la seguridad, que era una de las mayores preocupaciones de todos los colombianos, dio un vuelco total: los asesinatos se redujeron un 48% y los secuestros se desplomaron un 92%. Estas cifras no fueron sólo números, significaron que millones de familias pudieran recuperar la paz al caminar por las calles y que el campo reviviera con más fuerza.
La economía también mostró una gran transformación. En esos ocho años, la pobreza bajó un 18% y la pobreza extrema un 25%, brindandole la oportunidad a millones de hogares de lograr una vida más digna.
En cuanto a la educación, el avance fue contundente. La cobertura en la secundaria llegó al 100%, y el número de estudiantes que terminaron el bachillerato subió de 424 mil en 2002 a 700 mil al final de la década. Un progreso que le dio a los jóvenes más opciones para tener aspiraciones y progresar en un país que necesitaba urgentemente nuevas generaciones con buena formación.
La salud, a su vez, dejó de ser algo al alcance de unos pocos para convertirse en un derecho casi universal. En ese tiempo, 16 millones de colombianos que antes no tenían acceso pudieron entrar al sistema, alcanzando una cobertura del 98%.
Estos logros son ejemplos de cómo los colombianos lograron salir adelante, de cómo las familias volvieron a creer en un mañana esperanzador y un país que, después de mucho tiempo, sintió que podía seguir adelante con optimismo y resiliencia.