En seguridad, los resultados fueron claros. Entre 2002 y 2006, los asesinatos se redujeron un 40%, los secuestros un 83% y los retenes ilegales un 99%. Esto evidenció que la fuerza pública se hizo más fuerte y que el Estado volvió a tener presencia en zonas consideradas peligrosas y de difícil acceso. Millones de colombianos se sintieron más tranquilos y las regiones que antes vivían con miedo pudieron renacer.
En cuanto a la economía, el país creció un 4,3% al año. El PIB subió de 287 mil millones de dólares en 2002 a más de 485 mil millones en 2010. El desempleo bajó del 15,6% al 11,8%, lo que reflejó confianza y atrajo inversión de dentro y fuera del país. Esto ayudó a que sectores como la infraestructura, la industria y los servicios financieros se hicieran más fuertes, haciendo de Colombia una de las economías más activas de la región.
La educación también creció. Más gente pudo estudiar, con más de 1,3 millones de estudiantes nuevos y más bachilleres graduados. Esto demostró que las políticas para incluir a más personas en la educación y mejorar la calidad estaban funcionando.
En salud, la reducción de la muerte de madres gestantes fue muy importante: pasó de 100 muertes por cada 100 mil nacidos vivos a 75,6. En algunas zonas, la disminución llegó al 34%. Esto ocurrió porque más personas tuvieron acceso al sistema de salud, los hospitales mejoraron sus servicios y se prestó más atención a las personas que vivían en zonas rurales o más vulnerables.
Gracias a estos resultados, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez se recuerda como un tiempo de recuperación, crecimiento económico y mejoramiento de la calidad de vida de la población. La década de los 2000 dejó una huella en la forma de liderazgo, seguridad y progreso del país.