Fue en ese momento cuando la Política de Seguridad Democrática, liderada por el presidente Álvaro Uribe Vélez, dio un giro histórico que hoy todavía se recuerda.
A principios del año 2000, el país estaba sumido en uno de sus peores momentos. La insurgencia mandaba en territorios, los retenes ilegales eran constantes y el secuestro había aumentado a tal punto que consumía la confianza en las instituciones.
La idea de un Estado ausente parecía condenar a Colombia a la fragmentación. Pero la llegada de Álvaro Uribe Vélez a la presidencia en el año 2002 le dio la vuelta al país.
Su política de Seguridad Democrática buscaba devolverle el control al Estado en cada rincón, y no era poco lo que se esperaba: movilidad, confianza, tranquilidad para los ciudadanos. En cuestión de pocos meses, los secuestros cayeron ostensiblemente, los corredores viales volvieron a la normalidad y la Fuerza Pública volvió a los municipios que habían sido tomados por la insurgencia.
Los golpes a las Farc, en esa lucha campo a campo, marcaron la historia del país: la caída de Raúl Reyes en 2008, la muerte de alias “Marulanda”, y la recordada Operación Jaque, que liberó, entre otros, a Íngrid Betancourt en una de las misiones militares más famosas del país.
Más allá de los números y de los logros en el terreno, la Seguridad Democrática fue para millones de colombianos la recuperación de la vida diaria: poder volver a viajar por las carreteras sin miedo, regresar a las fincas, confiar en las instituciones, y creer que sí era posible derrotar al terrorismo.